Biblioteca escolar y nuevas alfabetizaciones
El nuevo entorno de la biblioteca escolar
La función de mediación de la biblioteca entre unos usuarios más o
menos expertos en el uso de la información y la propia información es cada vez más
acuciante, puesto que, en la mayoría de los casos, la competencia del alumnado se
ha construido de manera autónoma, y sin tener en cuenta que, ahora más que nunca,
es imprescindible dotarse de mecanismos para evaluar y seleccionar la ingente
cantidad de información disponible en la Red, de valor y calidad muy desigual.
La biblioteca como agente formador: espacio clave en la nueva “cultura del conocimiento”
La biblioteca escolar debe poder transformarse en un verdadero entorno
de aprendizaje, debe ser considerada como tal por todos los miembros de la
comunidad educativa y todas sus acciones se han de inserir en los procesos de
enseñanza—aprendizaje. Así, es imprescindible que, conjuntamente con el equipo
docente, desarrolle un programa que, tal como indica IFLA en su manifiesto del 2002,
garantice la adquisición de la competencia de tratamiento y uso de la información,
incluida la digital, y consolide la práctica lectora. Entre los objetivos del programa
de formación deberían contemplarse los siguientes:
● Autonomía en los aprendizajes, en la vida académica y en la vida adulta.
● Conciencia de las necesidades informativa
● Dominio de los procesos y mecanismos de búsqueda de la información.
● Construcción de conocimiento a partir de la información más relevante.
● Actitud crítica ante las fuentes y recursos de información.
● Utilización responsable y ética de la información y de las tecnologías.
Nuevos retos para la biblioteca escolar
La apuesta por la tecnología es clave, precisamente, si pensamos que nuestras
bibliotecas deben ser un espacio de aprendizaje en el uso de la información, pero
para ello es imprescindible que el bibliotecario escolar redefina sus perfiles y pueda
convertirse en el especialista en información y comunicación del centro; aun cuando,
en determinados casos, puede optarse por la asimilación de la biblioteca y del aula
de informática, creando un verdadero centro de recursos para el aprendizaje y la
información (CRAI) gestionado, coordinadamente, por dos personas de perfiles
complementarios. Solo así, la biblioteca puede contribuir eficazmente a facilitar la
adquisición de la competencia digital e informativa del alumnado, y se sitúa en un
lugar clave en la nueva “cultura del conocimiento”.
Fuente: http://docentes.leer.es/files/2011/06/art_prof_biblioescolar_monicabaro.pdf
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