21 de Noviembre: Presentación de la Niña María

Las tradiciones son uno de los elementos básicos que constituyen la identidad de un grupo y que ayudan a transmitirla de generación en generación.


La celebración de la fiesta de la Presentación de la Niña María es una de esas tradiciones que se inició en nuestros orígenes (1610) y aún hoy la tenemos vigente, con diferentes formas de celebrarla y expresarla, pero con un sentido común de significación:

María Nuestra Señora,
siempre presente en nuestros proyectos.


La Presentación de la Niña María

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De la circular de Beatríz Acosta Mesa, odn (21 de noviembre de 2009)
La fiesta de hoy nos remite a uno de los aspectos importantes señalados en el Documento Capitular 2009: El deseo de “ahondar en la propia identidad” y el compromiso de “profundizar en lo que significa María como expresión de la misma". La celebración de la Presentación de la niña María en el templo, cada 21 de noviembre, en la mayor parte de los lugares en los que estamos presentes como Compañía y a lo largo de cuatro siglos, ha hecho de esta tradición uno de los  símbolos de nuestra identidad.
Sentimos que esta celebración es una oportunidad para agradecer la presencia de María en nuestras vidas y para explicitar aquellos rasgos que nos definen como su Compañía. Es una llamada a comunicar lo que nos da sentido, a nivel personal y como Cuerpo, a anunciar en este mundo nuestro que es posible construir humanidad desde los valores del evangelio y ser felices entregándonos a esta tarea.
Sabemos por experiencia que esta opción de vida sólo es posible desde un corazón humilde y sencillo, quizá por esto mismo necesitamos mirar a  María, contemplar el misterio de su vida para, a su luz, comprender el misterio de la nuestra. Y con ella, la humilde esclava, aprender a saborear lo que nos plenifica  para, agradecidas, aportarlo al mundo.
La fiesta de hoy nos hace sentir la seguridad de que María es compañera de camino, “caminamos  acompañadas” en el deseo de dejar que sea Dios la pasión que centra nuestras vidas. Esta certeza nos impulsa a “echar las redes conjuntamente”: sentir el peso de las cuerdas y el roce del hombro con hombro, bucear hasta lo más profundo, atravesar la oscuridad y las sombras que conlleva cada realidad, también la nuestra, para encontrar las pequeñas semillas de Reino que es necesario cuidar a fin de que siga creciendo.

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