40 días de... tentación
La primera imagen de la
tentación fue una manzana. Una fruta roja, recia, carnosa y brillante. Su aroma
penetró hasta los tuétanos de nuestros ancestros. Ellos no se sabían desnudos
hasta que probaron una piel frutal tan atractiva y madura que no les dejó ver
lo viscoso del reptil que se la ofrecía. Luego llegó el frío y la vergüenza.
Nos atrae la superficie de las cosas, justo aquello que brilla, aunque sea
fugazmente y solucione nuestra hambre o nuestra sed. Creemos que con sólo un
mordisco podemos saciar nuestras ansias de no ser uno más de la creación, de
sentirnos diferentes, reconocidos y valorados. Tiempo después lo superficial
sigue siéndolo y el reconocimiento, el abrazo, el aplauso o el beso muestra su
rostro de plástico, o se consume, como muda su piel la serpiente.
La tentación va a estar siempre ahí, como manzana o como piedras que se
convierten en pan; como aplauso buscado desde la cornisa del mundo o como
rodilla que se dobla ante la promesa de un ídolo malvado. Siempre va a estar
ahí, buscando mi hambre y mi sed, conociendo donde piso, ofreciéndome novedad
en el vergel y consuelo en las grietas de mis desiertos. Lo humano es ser
tentado, lo de Dios lo puedes encontrar en tu interior.
José de Pablo, sj
Fuente: Pastoral SJ
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