Palabras que nos definen: PROYECTO

Y resonó una palabra: PROYECTO…
itinerario, horizonte, posibilidad,
utopía que quiere hacerse
camino concreto de encarnación
Como quien construye un edificio, Juana se dedicó a diseñar la maqueta que le daría forma y sobretodo fondo a la obra que intuía. Soñó con piedras vivas, capaces de soportar la prueba del tiempo, de los vientos contrarios, de los sismos que produce la historia. El Espíritu le fue inspirando la manera, le fue sugiriendo el cómo.
No fue fácil, nunca es fácil empezar, romper esquemas, abrir caminos diferentes. Pero, con constancia, capacidad de riesgo, creatividad, diálogo con las instituciones eclesiales, oración, búsqueda, trabajo incesante y fidelidad a la voz del Espíritu, maduró el proyecto. En 1606, redacta el Abregé, o fórmula del Instituto. El 7 de abril de 1607, el Papa Paulo V aprobó la Orden, confirmó que este proyecto gestado en el corazón de una mujer era para la Iglesia motivo de alegría y esperanza.
Nace entonces la primera Orden religiosa apostólica femenina, dedicada a la enseñanza. Juana le entrega al mundo y a la Iglesia una obra plena de novedad y de Espíritu.
El sueño de Juana de Lestonnac se transforma en un genuino Proyecto Educativo en el que ha sabido articular su intensa experiencia de vida con la diversidad de aportes de su época: El humanismo de Miguel de Montaigne, las audacias calvinistas en la educación de la mujer, la experiencia ignaciana y el sistema pedagógico de los jesuitas. Todo orientado a un único fin: la Gloria de un Dios Siempre Mayor.
El 14 de junio de 1638, Juana firma el primer libro de las Constituciones. Ellas se convierten en don de Dios, ideario, fuente de identidad y vínculo de unión. El espíritu de las Constituciones ha marcado desde entonces la vida de la Compañía de María.
Han pasado 400 años desde esta intuición primera. Cada siglo ha marcado unas características, los ecos del Espíritu en los acontecimientos cotidianos han continuado aportándole a esta obra pinceladas de renovación y gracia.
Se han sucedido Concilios, avances tecnológicos, guerras, globalización… circunstancias todas de un mundo en cambio permanente. Y la Compañía ha permanecido atenta a la voz de Dios, al clamor de los seres humanos.
El paso del tiempo no ha desdibujado el Proyecto, lo ha ensanchado y enriquecido, lo ha colmado de validez y significado. Hoy, en algunos contextos, somos menos que en otras épocas y quizá más frágiles, más vulnerables, con menor reconocimiento social; por eso, más que nunca, estamos convencidas de que en la fragilidad Dios hace su obra y por eso seguimos con fidelidad creativa haciendo vida las intuiciones de Juana de Lestonnac:
Esa CONTEMPLACIÓN EN LA ACCIÓN, que nos une a Dios, nos permite sintonizar con su mirada y sus sentimientos y nos interrelaciona con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo para compartir con ellos y ellas, las responsabilidades en la construcción de un mundo más humano.
Una EDUCACIÓN que, a través de diferentes plataformas, nos posibilita “tender la mano” para ayudar a que surja, a que encuentre el sentido de la vida y las herramientas para enfrentar el presente con responsabilidad y el futuro con esperanza. Una educación que de elementos para contribuir a la transformación de la sociedad.
La PRESENCIA INSPIRADORA DE MARÍA, que nos impulsa a dejarnos habitar por Jesús, a acoger con gozo esa presencia que todo lo desborda y lo transforma y que nos posibilita encarnar en lo cotidiano las actitudes de María.
La ESPIRITUALIDAD IGNACIANA, que nos motiva a vivir en actitud de discernimiento, a amar y servir, buscando siempre la Mayor Gloria de Dios. Que nos abre a un “más” que nos desinstala, a deseos más hondos de intensidad y plenitud.
EL HUMANISMO, pasión y norte de nuestras búsquedas y acciones, “desde la seguridad de que a través de la misión educativa que realizamos, junto con otros y otras, Dios sigue abriendo hoy caminos de encarnación, espacios de humanización y buena noticia en nuestro mundo. Somos hoy esas ‘dos manos que Dios quiso tener para hacer visible su bondad y su ternura’ (Tito, 2-11)”
No fue fácil, nunca es fácil empezar, romper esquemas, abrir caminos diferentes. Pero, con constancia, capacidad de riesgo, creatividad, diálogo con las instituciones eclesiales, oración, búsqueda, trabajo incesante y fidelidad a la voz del Espíritu, maduró el proyecto. En 1606, redacta el Abregé, o fórmula del Instituto. El 7 de abril de 1607, el Papa Paulo V aprobó la Orden, confirmó que este proyecto gestado en el corazón de una mujer era para la Iglesia motivo de alegría y esperanza.
Nace entonces la primera Orden religiosa apostólica femenina, dedicada a la enseñanza. Juana le entrega al mundo y a la Iglesia una obra plena de novedad y de Espíritu.
El sueño de Juana de Lestonnac se transforma en un genuino Proyecto Educativo en el que ha sabido articular su intensa experiencia de vida con la diversidad de aportes de su época: El humanismo de Miguel de Montaigne, las audacias calvinistas en la educación de la mujer, la experiencia ignaciana y el sistema pedagógico de los jesuitas. Todo orientado a un único fin: la Gloria de un Dios Siempre Mayor.
El 14 de junio de 1638, Juana firma el primer libro de las Constituciones. Ellas se convierten en don de Dios, ideario, fuente de identidad y vínculo de unión. El espíritu de las Constituciones ha marcado desde entonces la vida de la Compañía de María.
Han pasado 400 años desde esta intuición primera. Cada siglo ha marcado unas características, los ecos del Espíritu en los acontecimientos cotidianos han continuado aportándole a esta obra pinceladas de renovación y gracia.
Se han sucedido Concilios, avances tecnológicos, guerras, globalización… circunstancias todas de un mundo en cambio permanente. Y la Compañía ha permanecido atenta a la voz de Dios, al clamor de los seres humanos.
El paso del tiempo no ha desdibujado el Proyecto, lo ha ensanchado y enriquecido, lo ha colmado de validez y significado. Hoy, en algunos contextos, somos menos que en otras épocas y quizá más frágiles, más vulnerables, con menor reconocimiento social; por eso, más que nunca, estamos convencidas de que en la fragilidad Dios hace su obra y por eso seguimos con fidelidad creativa haciendo vida las intuiciones de Juana de Lestonnac:
Esa CONTEMPLACIÓN EN LA ACCIÓN, que nos une a Dios, nos permite sintonizar con su mirada y sus sentimientos y nos interrelaciona con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo para compartir con ellos y ellas, las responsabilidades en la construcción de un mundo más humano.
Una EDUCACIÓN que, a través de diferentes plataformas, nos posibilita “tender la mano” para ayudar a que surja, a que encuentre el sentido de la vida y las herramientas para enfrentar el presente con responsabilidad y el futuro con esperanza. Una educación que de elementos para contribuir a la transformación de la sociedad.
La PRESENCIA INSPIRADORA DE MARÍA, que nos impulsa a dejarnos habitar por Jesús, a acoger con gozo esa presencia que todo lo desborda y lo transforma y que nos posibilita encarnar en lo cotidiano las actitudes de María.
La ESPIRITUALIDAD IGNACIANA, que nos motiva a vivir en actitud de discernimiento, a amar y servir, buscando siempre la Mayor Gloria de Dios. Que nos abre a un “más” que nos desinstala, a deseos más hondos de intensidad y plenitud.
EL HUMANISMO, pasión y norte de nuestras búsquedas y acciones, “desde la seguridad de que a través de la misión educativa que realizamos, junto con otros y otras, Dios sigue abriendo hoy caminos de encarnación, espacios de humanización y buena noticia en nuestro mundo. Somos hoy esas ‘dos manos que Dios quiso tener para hacer visible su bondad y su ternura’ (Tito, 2-11)”
Este proyecto al que le aposté el almay todas mis piedras preciosas,
tiene mucho de luz y de Espíritu,
un centenar de manos unidas
y un recuerdo fuerte y fecundo.
En este proyecto empeñé mis mejores horas.
Y también mis atardeceres con sus respectivos sueños.
Por él, me aventuré a la entrega y al amor,
al servicio, al canto, a la alegría,
a la sencilla y eterna donación.
Liliana Franco Echeverri ODN
Religiosa de la Compañía de María. Colombia
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