Palabras que nos definen: TESTIGOS
vida que se ofrece y fructifica...
“Juana de Lestonnac soñó su Proyecto Educativo ofrecido por testigos…La religiosa de la Compañía de María, es testimonio y coherencia desde la misión que llena de sentido su propia vida; en ella la manifiesta y la ofrece. Testigo necesitado de salvación y, por ello mismo, capaz de hacerse guía y compañera de camino”.
“La verdad y coherencia de nuestra vida es lo que da calidad a nuestra acción educativa y lo que contribuye a construir humanidad”.
Cuatrocientos años albergan mucha vida, historia, recuerdos, acciones…pero sobretodo rostros: El de Dios siempre fiel, conduciendo nuestra historia, inspirando nuestro ser; el de tantas mujeres que a lo largo de estos años se han dejado seducir y han consagrado su vida a la misión de construir su Reino.
Queremos hacer memoria de esas mujeres. Ellas con su existencia han dado testimonio del amor de Dios, del milagro de la fraternidad, de pasión por la humanidad, del gozo de dar la vida. Ellas, mujeres, mezcla de limitación y grandeza han ofrecido su ser por la causa de Jesús. Y en esa donación han encontrado su realización; han experimentado, desde sus entrañas, la alegría profunda que supone dar la vida para ganarla, el misterio que esta paradoja encierra.
Son miles, de todas las razas y tiempos. Se han ofrecido sencillamente desde el anonimato de su cotidianidad. Se han ejercitado simplemente en amar, en educar, en servir. Algunas se han ido consumiendo en silencio, sin protagonismos, ni primeros planos. Otras han gestado nuevos proyectos o fundaciones, o han llevado sobre sí responsabilidades importantes. Todas han pretendido seguir a Jesús en Compañía de María.
Hoy muchas ya no se encuentran entre nosotras, pero gracias a ellas, somos, existimos, contamos con raigambre temporal, tenemos presente. Su guiño palpitante en nuestro recuerdo nos invita a seguir encontrando el secreto de la vida que se entrega. Es quizá esa la certeza que con frecuencia nos anima a decir: “ellas viven”.
La mayoría han terminado sus días, ofrecido su vida en su lecho de enfermas. Pero Haití, Francia, y Colombia han visto empapar y fecundar su tierra con su sangre; para nosotras son nuestras mártires. Habría mucho para expresar de cada una de ellas pero vamos a detener la mirada en una de nuestros tiempos: Teresita Ramírez Vargas, “Tere” como familiarmente la llamábamos.
Cristales es un corregimiento del municipio de San Roque, situado a 5 horas de Medellín en Colombia. Allí había llegado la Compañía para realizar su misión apostólica desde la educación formal en el Liceo y desde la pastoral en el pueblo y las veredas, buscando la formación del hombre nuevo y de una sociedad nueva; iluminando la vida desde el evangelio, acompañando los intentos de los pobres para ser gestores de su propia historia y alcanzar una vida más humana a nivel personal y social.
Dar clases en el colegio, formar en la conciencia crítica, animar el trabajo en el hogar juvenil campesino, escuchar a los jóvenes, visitar a los enfermos, recorrer a pie o a caballo muchos kilómetros para acompañar las familias, a los grupos de trabajo y de reflexión del Evangelio, era la escena cotidiana en la vida de Tere y de las hermanas.
El 28 de febrero de 1989, precisamente en el momento en que la Compañía de María hacía su ofertorio de acción de gracias por la celebración de los 90 años de presencia en Medellín, se elimina la vida de Tere, se troncha una presencia que colabora en la creación de mejores condiciones de vida para una nueva sociedad. Ella vivió intensamente el lema de esta celebración: A la paz por la justicia, una tarea educativa. Estaba enseñando lo signos de puntuación a sus alumnos, para ello eligió estos versos que quedaron en el tablero y para siempre grabados en la memoria de todos:
“La verdad y coherencia de nuestra vida es lo que da calidad a nuestra acción educativa y lo que contribuye a construir humanidad”.
Cuatrocientos años albergan mucha vida, historia, recuerdos, acciones…pero sobretodo rostros: El de Dios siempre fiel, conduciendo nuestra historia, inspirando nuestro ser; el de tantas mujeres que a lo largo de estos años se han dejado seducir y han consagrado su vida a la misión de construir su Reino.
Queremos hacer memoria de esas mujeres. Ellas con su existencia han dado testimonio del amor de Dios, del milagro de la fraternidad, de pasión por la humanidad, del gozo de dar la vida. Ellas, mujeres, mezcla de limitación y grandeza han ofrecido su ser por la causa de Jesús. Y en esa donación han encontrado su realización; han experimentado, desde sus entrañas, la alegría profunda que supone dar la vida para ganarla, el misterio que esta paradoja encierra.
Son miles, de todas las razas y tiempos. Se han ofrecido sencillamente desde el anonimato de su cotidianidad. Se han ejercitado simplemente en amar, en educar, en servir. Algunas se han ido consumiendo en silencio, sin protagonismos, ni primeros planos. Otras han gestado nuevos proyectos o fundaciones, o han llevado sobre sí responsabilidades importantes. Todas han pretendido seguir a Jesús en Compañía de María.
Hoy muchas ya no se encuentran entre nosotras, pero gracias a ellas, somos, existimos, contamos con raigambre temporal, tenemos presente. Su guiño palpitante en nuestro recuerdo nos invita a seguir encontrando el secreto de la vida que se entrega. Es quizá esa la certeza que con frecuencia nos anima a decir: “ellas viven”.
La mayoría han terminado sus días, ofrecido su vida en su lecho de enfermas. Pero Haití, Francia, y Colombia han visto empapar y fecundar su tierra con su sangre; para nosotras son nuestras mártires. Habría mucho para expresar de cada una de ellas pero vamos a detener la mirada en una de nuestros tiempos: Teresita Ramírez Vargas, “Tere” como familiarmente la llamábamos.
Cristales es un corregimiento del municipio de San Roque, situado a 5 horas de Medellín en Colombia. Allí había llegado la Compañía para realizar su misión apostólica desde la educación formal en el Liceo y desde la pastoral en el pueblo y las veredas, buscando la formación del hombre nuevo y de una sociedad nueva; iluminando la vida desde el evangelio, acompañando los intentos de los pobres para ser gestores de su propia historia y alcanzar una vida más humana a nivel personal y social.
Dar clases en el colegio, formar en la conciencia crítica, animar el trabajo en el hogar juvenil campesino, escuchar a los jóvenes, visitar a los enfermos, recorrer a pie o a caballo muchos kilómetros para acompañar las familias, a los grupos de trabajo y de reflexión del Evangelio, era la escena cotidiana en la vida de Tere y de las hermanas.
El 28 de febrero de 1989, precisamente en el momento en que la Compañía de María hacía su ofertorio de acción de gracias por la celebración de los 90 años de presencia en Medellín, se elimina la vida de Tere, se troncha una presencia que colabora en la creación de mejores condiciones de vida para una nueva sociedad. Ella vivió intensamente el lema de esta celebración: A la paz por la justicia, una tarea educativa. Estaba enseñando lo signos de puntuación a sus alumnos, para ello eligió estos versos que quedaron en el tablero y para siempre grabados en la memoria de todos:
“¡Banderita de Colombia!,
mi banderita querida;
porque no te rindas,
yo daré hasta la vida”.
Eran las once y media de la mañana. Tere, sin saberlo, daba su lección eterna. Dos jóvenes desconocidos se acercaron a la puerta del salón y le solicitaron salir, dialogaron con ella unos segundos. Le pidieron algo, ella se acercó a su pupitre para buscar un papel, al regresar le dispararon. Murió frente a sus alumnos. Los sicarios huyeron empapando de sangre a su paso las veredas de Cristales.
Desde entonces y en torno a su testimonio se ha reavivado la conciencia de que las acciones de muerte planeadas por los hombres, nunca podrán detener la realización gradual de la promesa de Jesús: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” Pensar en Tere es recordar una mujer que seducida por Jesús, ofreció la vida al servicio de los más pobres. Su sangre sigue fecundando hoy el trabajo de evangelización en medio de los campesinos y en otras instituciones y proyectos de educación popular que llevan su nombre y se inspiran en su testimonio.
Desde entonces y en torno a su testimonio se ha reavivado la conciencia de que las acciones de muerte planeadas por los hombres, nunca podrán detener la realización gradual de la promesa de Jesús: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” Pensar en Tere es recordar una mujer que seducida por Jesús, ofreció la vida al servicio de los más pobres. Su sangre sigue fecundando hoy el trabajo de evangelización en medio de los campesinos y en otras instituciones y proyectos de educación popular que llevan su nombre y se inspiran en su testimonio.
Liliana Franco Echeverri ODN
Religiosa de la Compañía de María. Colombia

Comentarios
Publicar un comentario