[RECOMENDADO] LA ORACIÓN DE LA MAYORÍA
Son
bastantes los hombres y mujeres que se inician hoy de nuevo en el arte de la
meditación y se esfuerzan por recuperar el silencio interior. Numerosos los
estudios que nos invitan a descubrir caminos nuevos de contemplación y métodos
de concentración y purificación interior.
Es
gozoso ver todo este esfuerzo y hay que alentarlo decididamente en nuestras
comunidades creyentes. Pero, la inmensa mayoría de los cristianos sencillos no
podrán nunca saborear esta oración cuidada, profunda y purificada.
Por
eso, es bueno ver que Jesús, para invitarnos a «orar siempre sin
desanimarse», pone el ejemplo de una mujer sencilla y en apuros que insiste en
su petición hasta lograr con su terquedad lo que desea.
Esta
es la enseñanza de Jesús: si permanecéis estrechamente unidos a Dios en la
oración, no debéis desesperar en ninguna dificultad, pues no seréis
abandonados por vuestro Padre.
Hay
una oración vulgar, la única que sabe hacer la gente sencilla en momentos de
apuro, y que hemos despreciado demasiado estos últimos años.
Es
esa oración, acaso demasiado «interesada» y hasta contaminada de actitudes
mágicas. Una oración hecha de fórmulas repetidas con sencillez. Oración
llena de distracciones, sin gran hondura ni pretensiones de contemplación.
Esa
oración de los momentos de angustia, cuando uno está desbordado por el miedo,
la depresión, la soledad o el desengaño. La oración en el fracaso matrimonial
o el conflicto doloroso con los hijos. La oración ante la sala de operaciones o
junto al moribundo. ¿No deberíamos mirar con más simpatía esta oración
modesta, deslucida, poco sublime, que es la oración de los pobres, los
angustiados, los ignorantes?
Esa
oración que nace desde la conciencia de la propia indignidad. La oración de
los que no saben analizarse a sí mismos ni pueden ahondar en nada. La oración
de los que no saben hablar ni consigo mismos ni con los demás si no es
torpemente y con trabajo. Lo ha dicho J.M. Zunzunegui, en un bello libro: «Es
ésta, sin duda, la oración de la mayoría en todas las religiones del mundo,
la oración que desata la ternura de Dios y que es, en definitiva, suficiente
para la inmensa mayoría de la humanidad».
Esta
oración, a veces tan poco valorada, no encuentra problemas para ese Dios que
entiende a los pobres y les hará justicia como nadie.
JOSE ANTONIO
PAGOLA
BUENAS NOTICIAS
NAVARRA 1985.Pág. 355 s.
BUENAS NOTICIAS
NAVARRA 1985.Pág. 355 s.

Comentarios
Publicar un comentario