[ADVIENTO] MARÍA, MUJER DE LA ESPERA
Alegra el rostro
Desafía al desaliento
Vacíate de superficialidades
Imagina senderos nuevos
Espera contra viento y marea
No tengas miedo
Teje redes de solidaridad
Ora y guarda la Palabra en tu corazón
Desafía al desaliento
Vacíate de superficialidades
Imagina senderos nuevos
Espera contra viento y marea
No tengas miedo
Teje redes de solidaridad
Ora y guarda la Palabra en tu corazón
MARÍA, MUJER DE LA ESPERA
En estos tiempos que para muchos son difíciles, se nos hace más necesario que nunca volver los ojos a quien puede ser para nosotros referencia, luz y ejemplo. Hay muchos hombres y mujeres que, con sus vidas, han demostrado que es posible plantar cara a las tormentas y luchar cada día por la verdad, lo que es justo y lo bueno.
Pero quizás, entre todos, una mujer, María, es para cada uno de nosotros refugio, ánimo y compañera en el camino. Es la mujer del Adviento, la mujer de la espera, la que fue capaz de afrontar lo incierto desde la fe y desde una gran confianza.
Se fió sin sucumbir al temor a las prevenciones, a lo sorprendente y a lo que parecía imposible. Se fió de Dios, aunque el hacerlo sabía que se iba a encontrar con situaciones difíciles y complicadas. Dijo sí poniendo su vida joven en sus manos.
Y ese sí, esa palabra valiente se convierte, también hoy para nosotros, en llamada, luz y camino para vivir con valentía el hoy de nuestra fe; en coraje para tomar en serio en evangelio y, con audacia, hacerlo real en este hoy, en este aquí, y en nuestro ahora.
María
Niña con el mundo en el alma.
Discreta, oyente, capaz de afrontar los mayores riesgos.
Joven de la espera que vence al miedo y afronta la batalla
Señora del Magnificat que canta la grandeza velada en lo pequeño
Y ya muy pronto, Madre, hogar de las primeras enseñanzas
y discípula del Hijo hecho maestro.
Valiente en la pasión del hijo y abierta a su Misterio.
Hoy sigues hablando, atravesando el tiempo,
mostrándonos la senda que torna cada “Hágase” en un nuevo comienzo.
Niña con el mundo en el alma.
Discreta, oyente, capaz de afrontar los mayores riesgos.
Joven de la espera que vence al miedo y afronta la batalla
Señora del Magnificat que canta la grandeza velada en lo pequeño
Y ya muy pronto, Madre, hogar de las primeras enseñanzas
y discípula del Hijo hecho maestro.
Valiente en la pasión del hijo y abierta a su Misterio.
Hoy sigues hablando, atravesando el tiempo,
mostrándonos la senda que torna cada “Hágase” en un nuevo comienzo.
(adaptación de un texto de José María Olaizola sj.)
Fuente: Orden de la Compañía de María

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